Durante mis estudios de diseño industrial adquirí unos hábitos de observación sobre todo lo que es nuevo para mi. Cuando viajamos a otros países siempre que puedo visito supermercados para comparar productos y presentaciones, y de paso me divierto imaginando hábitos de consumo.
Otra cosa que me apasiona es el mobiliario urbano, tal vez por ser objetos que por definición condicionan la identidad de una ciudad, a los que no se les permite olvidar su faceta práctica. Forma, función y emoción a pie de calle. Infravalorados y olvidados porque ya son parte de nosotros.
Crear objetos durante una época de tu vida (con más o menos éxito) hace que hables de las cosas como si tuviesen alma, como si tuviesen mucho que contarnos y que mostrarnos. Y en este caso es así.
Interiorizamos conceptos de accesibilidad sin saberlo parados en un semáforo, con esos ruidos molestos que suceden cada vez que se pone en verde para los peatones. ¿No has tenido la tentación nunca de cerrar los ojos y tratar de cruzar? ¿Hacia dónde irías? ¿Tu oído está tan entrenado como para poder llegar al otro lado de la calle? Prometo que esta semana intentaré cruzar así La Castellana :)
En el último año, visitando Copenhague, descubrí este pequeño elemento pegado a los semáforos:

Es el cacharrito de los ruidos molestos, versión danesa. Como si fuese un danés de pro estuve ignorando toda la grandeza del elemento, mirando a lugares más interesantes.
Un semáforo interminablemente pesado me hizo caer en la cuenta de que estaba ante una pieza que transmitía mucha más información de la que parecía a simple vista, porque no había que mirarla, había que tocarla. Todo lo que usted necesita para orientarse en un semáforo.
La barrita superior indica dirección. Está perpendicular al paso de cebra. Los dos pequeños realces del extremo nos indican que hay una mediana antes de llegar al otro extremo de la calle.Muchísima información concentrada en un pequeño cachito metálico.
Ese tipo de dispositivos, a medio camino entre el diseño industrial y la señalética, se llaman señales peatonales accesibles (APS).
En Copenhague estos APS son muy usuales en el centro, en las afueras se van extendiendo bajo demanda de asociaciones de ciegos de Dinamarca.
Salgan ahí fuera y lleven cuidado, pero sobre todo lleven la curiosidad puesta.
by Genís